La entrevista con Héctor Zepeda, el borrego salvaje que quiere poner a Tijuana y al TEC en lo más alto del fútbol americano. Ex IPP Program, sigue luchando por cumplir su sueño de llegar a la NFL.

Tanto en la vida como en el emparrillado, Héctor Zepeda se dedica a dar todo en cada una de las jugadas de su vida y no parar por nada del mundo hasta que el árbitro pite el final. Luchar contra dolor, sufrimiento y necesidad no han sido suficientes para que Héctor se detenga en su deseo de jugar al fútbol americano profesional.
Nacido en Ensenada, pero criado en Tijuana, Zepeda siempre ha sido un digno y orgulloso representante del estado bajacaliforniano; aunque ahora, a sus 25 años y titulado como Ingeniero Industrial por el Tec de Monterrey, él mismo llega a considerarse “un regio más”.

“Aunque me mudé a Tijuana desde que era un niño, no fue sino hasta 3.º de secundaria que comencé a jugar al fútbol americano, después de que el profesor de educación física, quien también era el Head Coach del Equipo, me invitara durante 2 años seguidos”
Recuerda Héctor con mucho cariño al hablar de su etapa en la cual pisó por primera vez el terreno de juego del deporte de las tacleadas.
Después de 6 años en la ciudad, desde 2016 juega para los Borregos Salvajes, desempeñándose en la posición de Tackle ofensivo; Héctor ya tiene más tiempo jugando en la ciudad de Monterrey de lo que lo hizo en su natal Tijuana. Aquí en la ciudad de las montañas ha cumplido varios sueños entre los que más destacan son representar a México con la selección, ganar el campeonato en CONADEIP y sobre todo la beca universitaria y de maestría.
A pesar de que a él no le interesaba el fútbol americano en un inicio, a día de hoy no ve su vida sin estar practicando todos los días en el emparrillado.
“Después de darle largas al coach por dos años, por fin me pudo convencer de que jugara, pues yo ya estaba grande físicamente y además para ese momento todos mis amigos practicaban ahí en la escuela y pues yo por diversión empecé y desde el primer momento el deporte me atrapó”.
Héctor busca en lo profundo de su memoria y nos platica su historia desde el inicio en el que llega a ponerse cleats, casco y hombreras por primera vez.
“La verdad yo creo que en esa etapa lo que a uno lo cautiva es el deporte en sí, su esencia y lo más básico, ya que no te juegas nada y solo te diviertes; a diferencia de estos niveles en los que realmente ya prácticas por algo y lo llevas más allá en mi caso particular el sostener la beca deportiva es lo que me motiva con el excelente nivel.”
Al recordar a sus padres, Héctor habla con mucho cariño, especialmente de su madre, y lo relaciona con sus inicios en el deporte. “Como padres siempre se preocupan por que el hijo esté bien, especialmente la madre. Sin embargo, yo hasta cierto punto tuve esa ventaja porque nadie en mi casa conocía el fútbol americano en absoluto y pues me dejaron practicarlo libremente, solo siempre me condicionaron a tener un buen casco para proteger la cabeza.”
Al hablar del pasado, Héctor se sincera contando muchos sacrificios, trabajo y dolor que le costó llegar hasta donde está
“Recuerdo que desde 3.er semestre ya había por ahí ciertas universidades que yo sabía que me seguían, como la UDLAP, Aztecas y varios campus del Tec. Algunas se me acercaron al terminar esa temporada y me empezaron a invitar para la universidad y dijeron que estaríamos en contacto, pero al pasar el tiempo y poco antes de mi última temporada (5.º semestre) me lesionó el ligamento cruzado de la rodilla izquierda y me pierdo el restante de esa temporada y entró a quirófano”
A Héctor nada lo para, así como en el juego enfrenta a los defensivos como vienen en la vida diaria es igual y cada una de sus lesiones las afrontó como le fueron llegando y no permitió que lo detuvieran en su búsqueda de llegar a Borregos Salvajes y estudiar en el TEC.
“Después de una lesión como esas y más por el momento en el que se da te pasan mil y una cosas por la cabeza de: si te quitaran las ofertas, de sí traerás el nivel suficiente para jugar en liga mayor y al final de cuentas yo tenía 16 años cuando me pasa mi primera lesión importante, que realmente en este deporte le puede pasar a cualquiera y es cosa de un segundo me toco a mí y bueno 6 meses de recuperación y demás, pero afortunadamente el TEC nunca quitó las cartas de la mesa y pues aquí seguimos.”
Después de infinidad de partidos, cientos de lesiones y decenas de campos en los que ha jugado, Héctor mira hacia atrás y puede decir que ve esa lesión como un reto en su vida que desde muy temprana edad lo obligó a levantarse y sobreponerse a las adversidades justamente como lo hace hoy en día. Evidentemente, y como él nos platica, en su momento fue un duro golpe que aunado al dolor físico que la lesión le provocaba, fue el golpe emocional el que más le peso, pues ciertamente no sabría si a sus 16 podría reponerse y continuar con su sueño en los emparrillados

“Hasta antes de participar en el combine, para mí el deporte había sido un medio para poder seguir estudiando y preparándome para la vida, cuando termino la “prepa” y llega el momento de elegir, tenía varios campus del TEC que me seguían la pista, además de la oportunidad de quedarme en lo local y estudiar en el CETYS o en UABC, pero al ser un medio para estudiar y el TEC siendo la mejor universidad del país e incluso de Latinoamérica, realmente es que no lo pensé mucho y me decante por lo que me ofrecían aquí en Monterrey”
Al preguntarle y hacerle recordar esos primeros momentos en los que Héctor llega a Monterrey se le ilumina el rostro y se puede notar a leguas que lo que le apasiona es el fútbol americano, pues a día de hoy él ya vive, de cierta manera, de lo que su nivel en el deporte le otorga. 6 años siendo foráneo y en una ciudad que es universitaria, al menos en el ambiente en el que él se desenvuelve, pues lo han cambiado, ya que como él comenta tanto la escuela, como el deporte y por ende la vida dieron un salto importante al llegar al TEC y convertirse en un “Borrego Salvaje”.
“El llegar fue un impacto total para mí, pues, yo tenía 3 años jugando y llegó con gente más grande, en edad y en tamaño, y son gente que tiene 5-6 años jugando, además de que yo llego con 17. En mi vida diaria también me impactó, pues yo pensé que sería todo igual como allá en Tijuana, pero la verdad es que si cambia bastante la vida al salir de tu casa y tu zona de confort.”
“Uno de los shocks más grandes que tuve fue el llegar a entrenar con el clima de aquí” recuerda Héctor mientras inconscientemente se “seca” la frente. De la templada, cálida y húmeda Tijuana a la calurosa, seca y casi desértica ciudad de Monterrey pueden existir hasta 8 grados de diferencia en el punto más álgido de la temperatura y la sensación térmica llega a variar hasta en 12 grados y evidentemente hacer un ejercicio pesado como el entrenamiento de fútbol americano es algo cercano a imposible, pues Héctor recuerda que le fue extremadamente difícil aclimatarse y no fue cosa que le llevo 1 o 2 semanas sino cosa de más de 1 semestre.
A lo largo de su vida Héctor se destaca como un gran deportista, una excelente persona y como él mismo se describe alguien orgullosamente Mexicano y a sus 18 años representó por primera vez a la nación defendiendo los colores, el escudo, pero sobre todo el orgullo en lo que él describe como uno de los mejores logros de su vida.
“Fue algo que no veía venir al final de cuentas, fue mi año de novato, tenía 18 años y voy y represento a mi país, fue algo muy especial para mí y todavía más porque me toco cerca de casa. Esa concentración y partido fueron en Mexicali, entonces el tener ahí a mis papás para mí lo es todo y lo recuerdo con mucho cariño”.

Héctor tiene esa dualidad y cuenta con la capacidad de mirar hacia el futuro y ver lo brillante que el destino puede tenerle preparado, además de que mira hacia el pasado y sabe quedarse con lo bueno para que las mejores etapas de su vida no se queden como un simple recuerdo, sino que tengan un impacto real en la vida. “Siempre voy a recordar con mucho cariño estos años que he vivido en el Tec de Monterrey, creo que es más que evidente que no lleve una vida tradicional como la de todo el alumnado, entre viajes, concentraciones, partidos y demás lógicamente fue distinto para mí. Creo que todos los representativos tienen una carga extra además del nivel que deben mantener, pero aun así no me arrepiento y me encanto haber jugado”
Cuando le pregunté por cómo llevó la vida a lo largo de estos 6 años, su respuesta era la esperada, en parte, sin embargo, me hizo darme cuenta de que Héctor es una persona muy madura, centrada y segura de sí misma, que lucha por lo que quiere a capa y espada. “A pesar de que es difícil, creo que no es como muchos lo pintan, el compaginar deporte y estudios o trabajo y estudios, si sales, tienes vida social y demás, lógicamente es diferente a la de todos los demás por evidentes razones, pero claro que lo vives, es normal son sacrificios que uno decide y debe hacer por perseguir el sueño y conseguir hacer lo que le gusta.”
Héctor reflexiona un poco sobre cómo vivió su vida universitaria y comenta lo siguiente:
“Hay cosas que me hubiera encantado hacer más en esta etapa, sobre todo relacionado a mi carrera, pues el TEC te da la posibilidad de abrirte muchas puertas que a veces uno no ve, involucrarme más en el ambiente, pero en el estudiantil, no en el deportivo. Sin embargo, todo eso por los horarios es prácticamente imposible, pues sales de clases y vas a entrenar o viceversa y tu único tiempo libre son para tareas y comer y eso último a veces”.
Zepeda utiliza cierta ironía cuando recuerda los rumores que se corrían al decir que los jugadores borregos eran ayudados por los coaches para pasar fácilmente y que además les acomodan las clases para que no tuvieran absolutamente ningún problema con calificaciones y pudieran seguir participando en los partidos del equipo. Además de que en ocasiones se llegó a decir que en el TEC si pagas pasas, al preguntarle por esto Héctor simplemente se ríe y está consciente de que esto es totalmente falso.
A alguien tan seguro como Héctor no se le ve dudar con facilidad, sin embargo, mientras recordaba algunos de sus juegos y momentos especiales con el jersey de borregos y ese mítico 79, si tuvo que tomarse varios momentos de reflexión y pensamiento profundo para encontrar desde, quizá lo más profundo de sus neuronas, 3 juegos que a él lo marcaron.
“Me pongo a pensar y se me vienen 3 a la mente y por obvias razones, uno de ellos es un clásico que viví contra los auténticos tigres, pues recuerdo que en esa ocasión se jugaba en el Gaspar Mass (estadio de la UANL) y nosotros veníamos de perder 2 clásicos seguidos y en ese, después de un juego extremadamente físico para mí, pudimos conseguir la victoria. Aunado a eso, los de Aztecas siempre son juegos extremadamente duros.”

Héctor es una persona que con todo y su corta edad ya tiene mil y una historias por contar y gracias a todo lo que ha vivido y las experiencias que el fútbol americano le otorgó puede pasar horas relatando anécdotas y vivencias que él ha experimentado. En medio de su etapa con los Borregos Salvajes del TEC hay uno de los capítulos quizá más interesantes de su vida, pues tuvo la oportunidad de participar muy de cerca con la NFL y seguir los pasos de sus excompañeros, compatriotas y amigos, Isaac Alarcón y Alfredo Gutiérrez.
El “International Player Pathway Program” de la NFL llamó a Héctor a participar en el combine que se llevó a cabo en la que considera su casa, pues el estadio Banorte de los borregos del TEC fue testigo de un de los múltiples combines internacionales que se celebraron en todo el mundo. Este en particular fue uno donde atletas de todo Latinoamérica participaron para ganarse un lugar en la siguiente etapa del programa y viajar a Miami a participar en un minicamp de 10 semanas. De 56 atletas, de 16 países, seleccionaron a 13 para el minicamp y Héctor fue uno de los afortunados, el único mexicano, que se quedó a un paso de llegar a la NFL, al menos en su primer intento, pues, fue llamado para una segunda oportunidad en otro combine internacional pero esta vez a celebrarse en Londres.

Al contar su experiencia de estar tan cerca de la NFL su rostro cambia por completo y se le ve una felicidad que no le otorga el hablar de ningún otro tema;
“Fue bastante incierto el proceso, porque obviamente al ser bajo invitación es demasiado demandante y hay una presión extra, pero eso lo vuelve extremadamente enriquecedor, al menos para mí. Después del combine yo no supe nada por alrededor de 3 meses y en enero que me dieron la noticia que voy a Miami, pues, obviamente, la felicidad es inmensa, pero se presenta otra presión por representar a mi país de buena manera”.
“Allá todo tu compromiso es el deporte, ya que ellos te dan todo y solo debes entrenar, pues, literalmente, es tu única obligación. Para mí la palabra es representar, pues, fue lo que trate de hacer y no ser él que haga que nos cierren las puertas, sino que al contrario abrirlas más, ya que ellos están muy satisfechos con el desempeño de los que han ido desde acá”

“Aunque no le alegró que no fuera seleccionado si salió a relucir su instinto maternal, pues sabía que quizá era más seguro y demás, pero como siempre me han apoyado (mis padres) ellos me dejan tomar la decisión y me aconsejan dándome su opinión, pero no lo sé”, dice Héctor al preguntarle un poco sobre el futuro y lo que viene para él.
Si bien Héctor no está seguro de lo que viene para él después de esta temporada que él mismo describe como la cereza del pastel, tiene diversas oportunidades incluso a nivel internacional. El no ser seleccionado en la NFL, aunque le cayó como un balde agua fría y lo puso a pensar seriamente, le abrió una puerta que él no conocía que es jugar en la CFL (Canadian Football League) existe la oportunidad de volverse profesional en México, volver a buscar NFL, para lo cual su oportunidad llega un año después de lo que se le presentó la primera, o dejar que el último cuarto del partido termine y cerrar así su etapa como jugador y simplemente dedicarse a su profesión.
